Me había prometido no escribir unos días para no forzar mis doloridas manos pero es que ahora mismo no me puedo resistir. Y eso que estoy escribiendo con 9 dedos, porque mi mano derecha parece la de ET… Mi casa, mi teléfono, mis desgracias, mi blog… Y la verdad es que no se cómo lo hago porque no miro el teclado (Peter, se que estarás orgulloso de mi)🤭
En mi periplo por conocer el mayor número de departamentos de mi hospital de referencia, ayer tenía cita derivada desde Neumología con Dermatología … Yo pensé que sería solo una visita. Sin más. De hecho no llevaba mi uniforme habitual «para ir al hospital» compuesto por bambas, tejanos, camiseta y jersey. Y mi bolso Mandarina Duck azul. Que también te digo que cuando termine con esto no se si seré capaz de volver a usarlo. Ayer me arreglé mas porque más tarde iba a una mesa redonda sobre literatura en la que participaba mi escritora favorita. Y no quería ir con mi «uniforme hospitalario». Esto me recuerda que tengo que escribir un post sobre mis camisetas icónicas :
- «Pensei que morreras» > uniforme quimio
- «Estou ata a cona» > uniforme el día que me dieron el alta en noviembre después de esos 12 días malditos que me terminaron de hundir psicológicamente
Como he explicado ya, últimamente tengo mis manos destrozadas. No solo por lo que me duelen los dedos, si no por la piel ultra seca de mis pobres dedos y los cortes en las yemas. Y no, ni la Neutrógena ha conseguido curarlos. He probado creo que 6 cremas diferentes los últimos meses, y lo único que parece haberme ayudado es lavarlas hace unos días en una fuente de agua termal que hay en un pueblo cerca de donde vivo. Temgo que volver.
El caso es que mi dermatóloga, debido a mi maravilloso historial (léase con sorna) sugirió hacerme una biopsia. Que tal vez el resultado podría ayudar con el diagnóstico de la enfermedad auto inmune misteriosa a la que aún no le han puesto nombre y apellidos.
Biopsia. Otra Biopsia. Llevo 4 biopsias sólo en lo que llevamos de 2024. Y estamos sólo a principios de febrero.
Pues obviamente, como la dignidad la perdí cuando me diagnosticaron el cáncer y la fuerza mental cuando me ingresaron en noviembre.. empecé a llorar. NO PUEDO MÁS. Yo se que es por mi bien y estaré infinitamente agradecida, pero cada vez es mas difícil de soportar.
Obviamente no me obligaron y yo estuve a punto de negarme, pero mi ángel de la guarda con patas, mi guerrero protector durante todo este periplo, mi compañero de viaje, me hizo ver que era mejor hacerla.Él siempre tan sabio.
A ver, que tampoco lloré a mares. Son lágrimas de impotencia, de resignación, de eso, de no poder más. Pero fui racional . Peor que la biopsia de músculo no iba a ser. Ese, junto con las 2 braquiterapias y el día que me pusieron el PICC, han sido las experiencias más traumáticas de toda esta travesía.
Así que en apenas unos minutos estaba hecha la biopsia. Y ¿cuál era mi mayor preocupación ? Pues una muy tonta, pero para mí básica. ¿Cómo me iba a quitar las lentillas que llevaba puestas si mi dedo índice de la mano derecha era como el de ET? Pues de la misma forma que estoy ahora mismo escribiendo… sin pensar y para adelante. Al final encuentras recursos. Que todos los problemas sean esos….
Y sí, aquí adquiere mi miopía su papel estelar.
Soy miope desde los 10 o 11 años. Creo. Vamos, que llevo toda la vida con gafas y lentillas. Yo soy de las que antes de estar enferma no salía de casa con gafas ni a por el pan. Por suerte el destino fue benévolo conmigo, y justo antes de coger la baja acababa de hacerme unas gafas nuevas con una moldura de pasta negra divina…que en cuanto me cure volveré a cambiar por unas, también de pasta negra, pero más extremadas. Otra de las cosas que no me atrevía a hacer…y que ya han quedado atrás como la persona que yo era antes.
Pues lo de ser miope no es algo de lo que nunca me haya enorgullecido. Básicamente porque tengo unas cuantas dioptrías y sin gafas o lentillas soy de las que no encuentra su toalla en la playa cuando sale del agua. Caso real vivido en mis propias carnes hace ya unos cuantos años cuando me sentí la reencarnación de Rompetechos.
Pero, cuando me puse enferma y el hospital se convirtió en mi segunda casa, además de bajarme de mis tacones, me desprendí de maquillaje, joyas y lentillas. Estaba yo en pleno tratamiento de radio y quimio para arreglarme si apenas conseguía andar. Así que me acostumbre a mis gafas también para salir a la calle.
He descubierto que mi miopía no me ha venido tan mal en esta puta tormenta. ¿Por qué? Si eres miope o tienes problemas de visión quizá me entiendas. Como he dicho, veo bastante mal sin mis gafas, por lo que no llevarlas me ayuda infinito a desconectar.
Al no ver bien, me convierto un poco en la representación carnal del refrán «ojos que no ven, corazón que no siente». Por eso nunca llegué a ver con nitidez la máquina de radio, aunque sí leí que ha había sido donada por la Fundación de Amancio Ortega en un cartel que había a la entrada de la cámara... Ya era clienta de Inditex antes. Y obviamente sigo y voy a seguir siéndolo. Era mi segundo día de radioterapia. Ese día lloré al leerlo.
Pues igual que no veía con nitidez las máquinas, y eso me ayudaba a desconectar antes de cerrar los ojos en cada sesión y empezar a invocar a los míos y a distraerme pensando en mil cosas, lo mismo me pasa cuando tengo que ducharme. Como no veo bien, no veo mis heridas. Aunque reconozco que tampoco las miro.
Ahora mismo mi cuerpo lleva los 4 puntos tatuados para marcar los lugares exactos donde debían radiarme, el brazo derecho algo descolgado por haber llevado el PICC, las marcas de la laparoscopia , una cicatriz curándose en mi brazo izquierdo y los puntos de mi dedo ET en mi mano derecha. A todo esto hay que sumar el dolor de manos y hombros que muchas veces me agarrotan ….Que ni lo pienso.
¿Cómo no dar las gracias por mi miopía? De no ser por ella me estaría desmayando cada dos por tres. ¿Cómo no llorar si soy como el puto Frankenstein de tanta herida?
Y sí, se que hay gente muchísimo peor que yo, y eso es lo que me anima a no desfallecer. Por los que se quedaron por el camino, por sus familias, por los que están mucho peor que yo. No tengo derecho a quejarme ni a desfallecer. Hay que seguir aunque duela.
Fuerte y Valiente, como me dice siempre mi queridísima Cris.

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