Hoy he tenido un día de contrates. De sol y nubes. De felicidad y de angustia. Y necesito arrancarme esta espina para entender por qué me siento así, con miedo, viendo los fantasmas de la angustia acecharme otra vez.
Y todo está en mi mente.
De la felicidad total de esta mañana al compartir una horas con un viejo amigo, poniéndonos al día de nuestras vidas los últimos años y recordando tiempos pasados, a la angustia por estar esperando una eternidad para empezar mi sesión de radioterapia de hoy.
No ha sido culpa de nadie.
Las máquinas a veces se cuelgan. Los ordenadores, los teléfonos, el wifi…. y hoy le ha tocado a mi máquina de radioterapia. Se ha tenido que resetear, nada grave. Por suerte no me ha pilado a mi en sesión. (Ya me han explicado que por protocolo lo primero que hacen es sacar al paciente de la sala cuando pasa algo así) . Me ha pillado en el box, con la bata puesta esperando mi turno. Me ha pillado sin móvil y sin nada para leer. ( Había dejado mi bolso fuera) Me ha pillado sola con mis pensamientos. Y con ellos he compartido espera durante unos 4o minutos. Y del subidón y las buenas vibras de haber estado con una persona vitamina, me he encontrado de pronto sola con mis pensamientos.. que en ese momento han decidido optar por angustiarse. Y han vuelto los «y si… «..
Y si el pet tac del mes que viene sale mal. Y si vuelve el puto cáncer. Y si no me curo. Y si, y si, y si… Y si no le diera tantas vueltas a las cosas.
Y me he dado cuenta, bueno ya lo tenía bastante asimilado, pero me he dado cuenta de lo imprescindible que es para mí tener la mente ocupada con lo que sea: con la tele de fondo, leyendo, cocinando, hablando, jugando con mis gatos.. haciendo algo. Algo que no sea entrar en bucle como me recuerda siempre mi mejor amiga. No sé como harán para lidiar con sus momentos de mente en blanco el resto de pacientes. Yo desde luego lo tengo claro: ocupándola.
Desde luego es la última vez que entro en el vestuario sin móvil. Y sin nada para leer por si acaso. Una lección más, como la de los auriculares para la quimio. 😉
Hoy tras la sesión he tenido visita con mi radióloga. Soy muy fan de esta mujer. Directa, con mucha retranca, a la vez que profesional y cariñosa. En teoría ya no la veré más que para revisiones puntuales. Fue la primera doctora a la que conocí el primer día que fui al Hospital el año pasado. La que me dio el veredicto. Y a pesar de la dureza del diagnóstico, tiene una habilidad especial para hacerte sentir bien. Al menos a mi. Hoy cuando he salido de la consulta la he abrazado.
Se establece una extraña relación con los médicos , técnicos, enfermeros.. Quiero dejar de verlos porque eso significa que estaré sana, pero por otro lado me da pena «despedirme» porque son quienes me están ayudando a curarme. Supongo que no seré la única a la que le pase.
Me quedan ahora mismo 9 sesiones de radioterapia y, al igual que el año pasado cuando la terminé, no quiero ni pensar en el día que tenga que despedirme de mis dos técnicas radiólogas, que con tanto cariño me tratan y con las que he congeniado tan bien.
Pero volviendo a los » Y si… «
» No te sirve de nada tener miedo»
Esta frase tan real como trascendental me la dicho A. mientras volvíamos a casa al salir del hospital. Y tiene toda la razón. Para qué me voy a preocupar de algo que aún no ha llegado.. y a lo mejor ni llega . Me lo han repetido algunas personas durante todos estos meses. La primera fue mi neumóloga, luego la psicooncóloga, ahora A… Es fácil de decir, pero difícil de llevar a la práctica cuando llevas 2 tratamientos contra el cáncer en menos de 2 años.
Asimilo que el miedo a la recidiva me va a acompañar mientras viva.
Tendré que hacer como mi amigo A. y volver de una vez por todas a la senda del yoga. Al menos para aprender a controlar mi mente cuando se queda en blanco.
Seguimos.

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