Un día estás sentada en un despacho de un gran hospital ojiplática escuchando de boca de una doctora que tienes un cáncer jodido… y dos años después eres dolorosamente consciente de que tu vida ya no es la que era ni volverá a serlo , de que no dejas de plantarle cara a la enfermedad y de que la incertidumbre es tu nueva compañera de vida. Que te has caído y te has levantado. Que en pocas semanas te toca de nuevo revisión. Y cruzas los dedos, rezas, te distraes… deseando, implorando, que sigas limpia como en la última revisión. Y que por favor no vuelva. Nunca.
Hoy he renovado el dominio de este blog.
Me he planteado largamente si hacerlo o no. Pero al final, aunque mis publicaciones hayan disminuido de ritmo las últimas semanas , Bajo la Tormenta no deja de ser mi bitácora de viaje. Y aquí sigo. Aunque no se muy bien para qué.
No sé cómo lo llevarán otr@s pacientes de cáncer.
Yo, desde que terminé en noviembre mi última radioterapia tras la recidiva, estoy desubicada. Desconectada. Muy tocada. No consigo arrancar. ¿Le pasará a todo el mundo lo mismo? Me gustaría saber si a alguien más le pasa como a mí. Que me limito a exprimir cada día a tope pero no quiero compromisos de ningún tipo , entre ellos, el tener que escribir. Y me duele. Pero no puedo. Me pueden la pereza y el agobio.
Me está costando mucho centrarme y arrancar. Las secuelas son unas cuantas.. Porque el cáncer, no es sólo el cáncer. El cáncer son también las secuelas físicas y psicológicas que te deja el tratamiento. Por fuera puede parecer que estamos bien.. pero .. ay por dentro.Ríete tu de Frankenstein.
Pero toca seguir. Y estoy infinitamente agradecida de poder hacerlo. A pesar de todo. Es un maravilloso regalo poder despertar cada día.
Seguimos.

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