«Que no te mande Dios lo que seas capaz de soportar» ¿Te suena la frase? A mi desde hace un tiempo me da hasta miedo pronunciarla. Y como siempre, ¿podría ser peor? Podría. «Virgencita, que me quede como estoy», que decía mi profe de literatura del instituto…Pero es que joder. Joder. Joder.
He empezado de nuevo la radioterapia.
Esta vez con máscara.
27 sesiones.
27.
Contaba con que serían menos según los cálculos de mi radióloga. Cuando me lo dijeron no me lo creía. Me puse a llorar. 27. Si el año pasado me dieron 25 y terminé que no podía ni andar sola. ¿27? ¿Con todo lo que lleva pasado mi cuerpo desde enero del año pasado? Pues sí. 27.
He tardado días en serenarme para poder volver a escribir. Esto y otras movidas (siguiendo con el refranero » a perro flaco todo son pulgas») me lo han impedido.
Pero empecemos por el principio, o por el nuevo principio, mejor dicho:
La máscara de la radioterapia: hecha a medida
Apenas tuve tiempo de asimilarlo. Iba pensando en que me iban a tatuar como el año pasado para darme la radioterapia y mi radióloga decidió que era mejor hacer una máscara por la zona en la que había que radiar. Para inmovilizarme mejor.
Yo pensaba que sería una máscara cerrada en plan sarcófago, solo para la zona de la cabeza y los hombros…Pero no. Bendita ignorancia, por suerte.
Resultó ser un plástico amarillo fosforito con agujeros en plan malla, enmarcado en un marco blanco.. tamaño parabrisas de coche ( o al menos eso me parece a mi). Cuando me lo pusieron en la cara estaba caliente, pero no quema a nivel insoportable. Mis últimas palabras fueron «coño, quema»; yo siempre tan bien hablada…
Durante unos minutos los técnicos te ajustan esa malla a tu cara y hombros (en mi caso, entiendo que en el de cabeza, pues obvio solo a la parte que cubre). Es como si te pusieran una mascarilla que no te deja moverte. Pues lo mismo.
En este y en todos los procesos/torturas que me ha tocado sufrir a lo largo de esta tormenta, es muy importante el haber mantenido la calma. Luchar contra tu mente, en los momentos críticos, es esencial. Este momento , la verdad, después de todo lo que llevo, no me dolió nada. Es más, estuve super tranquila. Hasta yo me sorprendí. También es verdad que llevaba la idea de los pinchazos para los tatuajes, y claro, a mi todo lo que implique no pinchar ni cortar, me parece una bendición.
Después del TAC de comprobación, te quitan la máscara y ésta se marca con tu nombre y es personal e intransferible. Obvio. Yo tengo la idea de llevármela el último día de recuerdo. Para que mi amiga Cris, que es una artista, la customice, y ponerla en algún lugar de la casa a modo obra de arte… Cris, que se que me lees siempre , ¿Superará a Morten yonki? Aquí tienes un reto importante ¿eh?😂
Prometo actualizar con foto este post el día que la termine.
Y llega el día de la primera sesión de radioterapia…
.. en mi caso la número 26 si tengo en cuenta las 25 de año pasado, o la número 31, si además cuento con las 4 sesiones de braquiterapia ( sin duda, la braquiterapia creo que ha sido lo más bestia a lo que me he enfrentado en estos meses).
Cuando llegas a la sala de espera, la gente te mira y siempre saluda. Saludos de compañeros de sufrimiento, de tratamiento…. yo este año arrasando miradas con mi pañuelo en la cabeza… Y esa solidaridad encubierta… Me fijé en una señora más mayor que yo, con la cabeza totalmente descubierta. Mi admiración plena por su valentía. Yo soy incapaz de dejarme ver en público con mi pelusilla y mi cara inexpresiva sin cejas y con 4 pestañas. Quizá por eso cada vez que nos vemos nos saludamos con una sonrisa. Somos las dos únicas sin pelo.
Y una cosa que este año no ha dejado de sorprenderme y sobrecogerme a la vez: vayas a la hora que vayas, siempre hay gente esperando, y no poca… y de todas las edades. Esto va a más.
Y dicho esto… con estas sesiones, llega para mí la pérdida total de la poca autoestima que me podría quedar.
Porque cuando te dan radioterapia con la máscara, no puedes llevar ni crema hidratante en la cara . Ergo, nada de tunearte pintándote las cejas, maquillándote para tener mejor color o poniéndote lentillas… Así que me toca ir » a pelo», sin maquillar , con gafas… y obviamente, cuando pasas a darte la sesión, sin gorro ni pañuelo.
Fue duro dejarme ver en público con la cabeza descubierta el primer día así de decrépita. (Aunque ya se que los radiólogos están más que acostumbrados…. Pero ¡ay!…)Como me medio veo yo todas las mañanas al salir de la ducha. Porque no me miro mucho. Ya no solo por todas las cicatrices y morados.. por la decrepitud. Es tan , tan duro, que solo quienes pasamos por esto lo sabemos. No es lo más importante, lo importante es curarse.. Pero si te paras a pensar… con lo que yo era… y en lo que me he convertido. Y sí, se supone que el pelo, las cejas y las pestañas volverán, pero las cicatrices, tanto las externas visibles como las del alma, invisibles, van a quedarse ahí, para siempre. Y ahora mismo es durísimo. Por eso me medio miro al espejo.
El dolor de dientes
Llevo cuatro sesiones de radioterapia de este nuevo ciclo/vez/ya no se cómo llamarlo .La segunda sesión fue horrorosa. Dolió mucho. Pero por culpa mía.
La máscara ha de quedar perfectamente ajustada a tu cara. El segundo día la noté un poco tibante de mas en la mandíbula, pero pensé que estaba bien.. Pues no. Estaba mal. Y fue tal el dolor de mis dientes apretados que pensé que se me saltaban. Podría haber avisado en cualquier momento porque mientras te dan la radio no dejan de estar pendiente de ti. No puedo hablar pero si mover las manos. Ese día yo, que ya me he acostumbrado al dolor, no dije nada. Solo al terminar… Al día siguiente volví acojonada y , como ya he aprendido de mi error, ahora se cuando está bien fijada del todo. Porque el ajuste definitivo solo puedes saberlo tú. Y así, cuando está todo bien, dejan la sala y empieza el baile de la máquina de radio. Una vez posicionada y antes de empezar a radiar, siempre me preguntan si está todo bien. Yo siempre levanto los dos pulgares de los «mandos» a los que estoy aferrada como si estuviera pilotando algo.
Quiero decir con esto, que la radio NO DUELE. Yo el tercer día estaba pensando mientras me radiaban qué iba a hacer para cenar.. Ayer me dió por rezar.. hoy igual me da por pensar en qué voy a hacer el fin de semana o quizá tararee mentalmente una canción o evoque mi lugar favorito en la tierra para evadirme. Quien sabe, la mente es traicionera pero hay que aprender a dominarla, al menos en momentos críticos. Y la mía en la radio, va por libre pero centro mis esfuerzos en nunca dejarla caer en el miedo.
Y no quiero terminar este post sin darle las GRACIAS una vez más a la Fundación Amancio Ortega, que también ha donado la máquina en la que me dan la radio este año. Me importan una M todos sus detractores. Que no tengan que pasar nunca por un proceso como este. A ver si se van a negar a un tratamiento tan necesario e importante porque haya sido donada por X o por Z…Pues eso. Gracias Amancio.
En la famosa pizarra de mi nevera hemos abierto un nuevo apartado en el que cada día al volver de la sesión A. se encarga de ir restando las sesiones que quedan.
Ahora mismo quedan 23
Seguimos.
Bajo la Tormenta.

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