Bajo la Tormenta

Bitácora de un viaje a través del cáncer


El estigma del pañuelo en la cabeza

Hasta antes de enfermar , yo asociaba la palabra cáncer a «muerte» y «quedarse sin pelo». Es lo que tiene la ignorancia. Casi dos años después de mi diagnóstico y tras dos tratamientos intensos (el inicial el año pasado y el de la recidiva de este año) , creo que me puedo permitir hablar con cierta autoridad sobre la enfermedad y sus consecuencias de cara a los demás.

Y es que así como el año pasado , como ya he contado varias veces, no me quedé sin pelo (aunque sí que se me debilitó) , el tratamiento de este año ha sido más fuerte, y he perdido hasta la última de las pestañas.

Cuando me dijeron que me iba a quedar sin pelo, se me vino el mundo encima. Con lo que es mi pelo para mi, mis rizos… Casi me preocupaba más mi aspecto que la gravedad de la enfermedad. Me duró el trauma apenas unas horas. Al día siguiente el pelo , aunque importante, ya no era tan importante. A la semana el pelo era lo que menos me importaba. De verdad. Y repito, yo soy de las de ir cada mes a la peluquería a repasar color, corte, gastarme lo indecible en champús etc… Y hasta era de las que se traumatizaba si tenía un día de «bad hair«.. Animalica. ¡Qué ilusa!

Aunque tengo pendiente escribir un post sobre cómo me las he apañado estos meses, que repito, ya no me traumatiza, sí que quiero incidir hoy en la gente y su reacción cuando me ven.

En mi post « No mires a los ojos de la gente», reflexionaba hace unos meses sobre las miradas de la gente. A los que les dabas pena, los que empatizaban y los que te miraban como si fueras una apestada.

Pues de estos últimos me he cruzado hoy con una. Una mujer. De mi edad quizá un poco más joven. algo más alta que yo ( mido 1, 64 cmts) y tres veces más voluminosa que yo. Me voy a permitir ser cruel que para algo es mi blog: Miss Universo no era precisamente. Pues me ha mirado desde las alturas con desprecio y cierto asco…. ¿Perdona? ¿Hola? ¿Te has mirado al espejo bonita? Porque lo mio tiene solución, pero lo tuyo, difícil, a no ser que te cambien el cerebro.

Me han dado ganas de soltarle una bordería, muy en mi linea, pero me he callado. Y el caso es que yo iba bien vestida y ella en chándal. Que no es por nada, pero … no se. ¿Me miras mal porque voy con un abrigo de vestir con un pañuelo en la cabeza que vale más que tu chándal cutre? Háztelo mirar bonita.

Y me da rabia.

Es el estigma del pañuelo.

Hace unas pocas semanas una dependienta de una tienda de ropa también me miró con recelo. Me hizo sentir mal. Ya bastante tengo con estar enferma como para que tú, zorra de mierda me mires con desprecio.

No voy a robarte .

Simplemente estoy enferma.

Tengo cáncer.

No sabes lo que cuesta a veces vestirse, salir de casa y tener el coraje de irse a mirar tiendas. No ya solo por el aspecto («con lo que yo era» es mi frase más repetida los últimos meses) y el ignorar a gente como esta. A veces piensas cuántas veces más podrás ir de tiendas, si tiene sentido comprase algo que a lo mejor no llegas a estrenar nunca… cosas tan simples como si llegarás a la próxima Navidad, Y aún así, haces el esfuerzo de vestirte, de salir de casa, de ponerte una sonrisa y enfrentarte al mundo.. a imaginar que tu vida es la de antes.

Estoy harta del buenismo y de esta sociedad en apariencia cada vez más permisiva con ciertas cosas. Hasta con cosas aberrantes que no tienen sentido. Y en cambio, cada vez más absurda. No voy a entrar mucho más profundamente en el tema porque me cerrarían el blog. Por suerte no se me puede leer la mente.

Pero joder. Un poquito de cerebro y entendimiento no le vendría mal a algunas personas.

Y estas dos veces me han pillado con la guardia baja. Porque, por mucho que haya aceptado mi situación porque se que es temporal , es duro (hablo por mi) pensar cada día cómo cubrirte la cabeza en función de la ropa o el lugar al que vayas. Ahora también cubrirme el cuello ( por suerte estamos en diciembre).. Es duro. Y lo reconozco, las dos veces me he sentido vulnerable y con ganas de llorar. Pero en seguida me he recompuesto.

Y pienso en uno de mis refranes favoritos » A cada cerdo le llega su San Martín». Me acuerdo del karma y de la justicia divina.

Y sí, quizá este post esté en un tono diferente al habitual. Necesitaba desahogarme.

Y a la próxima persona que ose a mirarme despectivamente, fijo que le suelto alguna lindeza. Para que se vaya calentit@ a casa.

Porque, repito. Hoy soy yo, pero mañana tienes muchos números de que te toque a ti o a alguien cercano a ti.

Solo hay que mirar las estadísticas.

Y mirarse más al espejo, que tampoco es que todos seamos modelos de pasarela precisamente.

Seguimos.



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About Me

Lo que soy ha pasado a un segundo plano. Escribo para capear la tormenta.

Este blog es mi válvula de escape.