He necesitado horas para recuperarme de uno de los peores días a nivel anímico que recuerdo desde que fui diagnosticada de cáncer.
Me han hecho una nueva prueba. De este tipo aun no tenia ninguna en mi haber: «PAAF Adenopatía supraclavicular guiada por ultrasonidos». O lo que es lo mismo: una ecografía para ver ese ganglio inflamado de más, y una punción en el cuello, por encima de la clavícula. Se va moviendo la aguja mientras te sacan una muestra.. Sin anestesia. No ha dolido. Pero piscológicamene hay que tener un momento de fortaleza enorme para no moverte y no pensar en que te están hurgando con una aguja en el cuello, cual vampiro de Crepúsculo. (Casi lo hubiera preferido, la verdad. Siempre team Edward ❤️🤭 )
Llevo varios días, desde que sé que me tenían que hacer esa prueba, con la moral por los suelos. Sin ganas de nada y llorando a cada despiste de mi mente.
Lágrimas de miedo, de impotencia. Pero no me queda otra que resignarme.
He entrado con los ojos llorosos en el box donde me hacían la prueba y , de nuevo, la empatía, la humanidad, el cariño del personal de mi hospital… no hay palabras suficientes para agradecérselo. Es jodido no moverse cuando te están hurgando con una aguja en el cuello. No levantar las manos y dar un manotazo. No hablar, no llorar. No pensar. Como siempre, mi mente ha volado a sus «anclajes» recurrentes: la casa de la aldea y mi gato negro mirándome fijamente. Yo no creo que me de mala suerte. Creo que es brujo. De hecho, estoy convencida de ello.
Han sido apenas unos minutos. La médico que me practicaba la prueba, la enfermera que le ayudaba y un enfermero joven que me cogía las manos.
Al terminar la prueba, me han dicho que tenía que esperar unos 10 minutos a ver si la muestra extraída era suficiente o había que volver a pinchar. Por suerte no ha hecho falta.
Ahí no ha terminado la tortura, ya que luego tenia visita con mi radióloga. Por suerte esta vez ha decidido no hacerme pruebas ya que tengo una muy reciente y otra el mes que viene.., «y por hoy ya te hemos torturado suficiente»
Y es que volver a bajar a la zona donde me daban la radioterapia me ha terminado de romper. En mil pedazos. No podia parar de llorar al estar en esa zona de nuevo.
Me veía a mi misma arrastras, cada día, llegando a mi sesion. Con mi bata y mis patucos dentro de una bolsa de tela de Estrella Galicia (bonita ironía, no la he vuelto a probar), del brazo de mi marido xq no podía ni andar a pesar de mis maravillosas Skechers.
Y lloraba porque , tal vez, tenga que volver a pasar por ahí. Y lloraba porque no se cómo pude pasar toda esa etapa. Lloraba de lástima por mi.
Y sigo encerrada en mi caparazón. Tampoco hay mucha gente que se acuerde de mí ahora. No es como hace un año. Todo ayuda.
Aun así, sigo poniéndome la careta, aunque cada vez con menos ganas.

Deja un comentario