Bajo la Tormenta

Bitácora de un viaje a través del cáncer


El año que fui rubia

Dicen que cuando la vida te sacude y se pone patas arriba a algunas personas (o muchas, no tengo delante la estadística) les da por cambiarse el look. Y lo más sencillo , rápido y efectivo es cambiarse el pelo. Teñírselo de otro color, cortarlo…. no se yo si ponerse extensiones.

Yo en tres años he pasado de una melena castaña con unas maravillosas mechas balayage rubias, a quedarme calva, a aprender a combinar pañuelos para la cabeza con mi ropa, a ver nacer mi pelo gris y lo más extremo: a quitarme el pañuelo y teñirme el pelo corto de rubio platino.

Un año y medio he estado con este look.

Un año y medio siendo rubia platino.

Fue una propuesta de mis peluqueros de Icaro Salon y me pareció arriesgada pero dije, ¿porqué no? Total, tengo que llevar el pelo corto igual hasta que crezca… Pues tres veces me lo he cortado ya de lo mucho que me gusta.

Durante este año, pues he seguido con mi vida. He terminado el tratamiento hace unos meses , he seguido con analíticas, tacs visitas médicas… Sigo conviviendo con el miedo perpetuo a que vuelva el puto cáncer y el miedo a que mi enfermedad autoinmune me ataque de nuevo.

Mucha gente se piensa que terminas el tratamiento y ya estás bien y vuelves a la vida normal. Poca gente se para a pensar en las consecuencias del tratamiento.

Cada paciente es un mundo igual que no hay dos personas iguales.

Durante este año y medio de rubia he «transitado», (primera vez que utilizo esta palabra tan utilizada por mi querida escritora Angela Banzas), por un periodo de volver a conocerme con mis limitaciones, de cuidarme, de introspección… y de cambio total de imagen. El pelo rubio platino me ha ayudado a dar el paso de vestirme de otra forma, cosa que llevaba años queriendo hacer. (No me he vuelto a poner una americana.. con lo que yo era)

Y me encantaba el look. Pero todo tiene un final. Y he disfrutado de mi look extremo.

Hasta hoy.

Siempre tuve claro que mi época rubia no iba a ser eterna, por mucho que me gustase. Iba postergando el cambio de color hasta que hace un mes empecé a tomarme una medicación muy fuerte para mi otra enfermedad, la miosotis. Mis defensas van a estar bajo mínimos y puede causar perdida de cabello. Pues no se lo vamos a poner fácil. No tiene por qué pasar, pero por si acaso, vuelvo a mi color habitual, para que mi pelo sufra menos.

Eso, y que ha llegado el momento de dejarlo crecer. Me apetece volver a ver mis rizos desordenados recogidos en una coleta imposible.

Una nueva fase.

Mi amigo David me dijo el otro día algo que me dio que pensar: «Ahora estás en otra fase de tu vida, tíñete el pelo, vuelve a tu color, ya no eres la misma persona que hace unos meses»… y eso me hizo recordar la primera reflexión de este post. Es verdad, Ahora estoy en otra fase. ¡Pues vamos! . Además, me quiero volver a dejar el pelo largo ¿no? pues llegó el momento.

Y aquí estoy, con mi pelo color «noisette»

Seguramente en mi vida antes del cáncer estaría con un trauma de tres pares de narices por el pelo. Ahora mismo, pues me estoy acostumbrando. He estado calva. Ahora tengo pelo ¿no? Pues soy feliz. Lo de que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos es real como la vida misma.

Lo único que ha cambiado es el color. Sigo con mi pelo engominado hasta que crezca. Pero empiezo una nueva fase.

Espero que siga , cada vez más lejos de la tormenta.

Y ahora, después de haber plasmado para el recuerdo este día, voy a intentar convencer a mis gatos de que realmente soy yo y de que dejen de mirarme como las vacas al tren.

Seguimos.



Deja un comentario

About Me

Lo que era ha pasado a un segundo plano. Escribo para capear la tormenta.

Este blog es mi válvula de escape.